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michael-dornerMichael Dorner entasiasmó con un emocionante y virtuoso concierto en la iglesia de Ulzburg.
(Hamburger Abendblatt)

Programa polifacético
El Concierto para piano y orquesta n.° 2 B-dur comenzó de manera agitada y dramática. Tras el feroz dramatismo, suaves flautas e instrumentos de viento dieron paso al sosiego, antes de que entrase en escena el piano del olista Michael Dorner. Produciendo trinos, sus manos levitaron sobre las teclas, de las que extrajo hasta el atiz más fino. Los numerosos y pequeños trinos se tensan como hilos de plata por todo el Allegro. En combinación con la orquesta, se escucharon verdaderas cascadas de sonido, torbellinos de armonías y explosiones tonales. Una auténtica fiesta para los oídos.
Al tiempo que el crepúsculo penetraba desde el exterior en la sala, el Adagio se asentaba ligero como el erciopelo. Con un énfasis suave. Con excelsa melancolía, como henchidas formaciones nubosas de filete negro. Al Adagio le siguieron el Rondo y el Allegro molto con un salvaje galopar, borboteando salvajemente y desfogados. Con un final casi descarado. El pianista tenía garantizados el entusiasmo desbordante y las oleadas de aplausos.
(Donau Anzeiger)

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